A Transient Space, una casa de artistas

La exposición, bajo el nombre de A Transient Space, tuvo lugar en una antigua tienda de delicatessen de los años 50, en cuya planta de arriba se encontraba la residencia del propietario. La originalidad de la idea radica en que el lugar está intacto desde entonces, con las ventanas antiguas, los muebles de aquella época, una oscura escalera de caracol, y el papel de las paredes cayéndose.

Por supuesto, Genteventos no podía perderse semejanjante idea, hablar con su curador Miguel Mallol, y pasar un rato con los artistas españoles que ¡no paran de sorprendernos!

En esta ocasión entrevistamos a dos chicas, Cristina Guitian y Susana Sanromán, que no nos dejaron indiferentes. Con tal derroche de creatividad y de estilo personal, de novedad y de significado en su obra, nos dieron algunos detalles que nos dejaron vaticinar cómo sería el resultado de este proyecto tan innovador –que duró dos días y despertó gran curiosidad entre sus visitantes-.

A Transient Space
Cristina Guitian. Foto: Anabel Rodríguez Venzalá

Cristina nos contó como tenía claro que quería utilizar cuerdas que fuesen de un lado a otro de la sala desde que vio el espacio. Tan solo llegó allí con una maleta que las contenía junto con otros objetos, como un pato de dos cabezas al que le cortó una -nos confesaba entre risas-. La maleta es de las pocas cosas que guarda de una colección que tenía, y parece venirle al dedillo a este lugar “en transición”, como su título indica.

Su pieza principal es de lo más original. Con los hilos conseguiría experimentar con las transparencias y ocultar la visión de lo que hay detrás, que sorprendería a cualquiera: un corazón de cordero. A la artista desde el primer día le vino la idea a la cabeza de tener carne colgada.

Cuando llegamos tenía varios en bolsa y estaba probando la idea de pintarlos de rojo para que pareciesen sangrantes y húmedos, pero la idea evolucionó hasta quitarles el color. Y esta idea original desembocó en una instalación combinada con otra pieza bastante opuesta a la anterior. Cristina había dibujado ya sobre un espacio cóncavo, peludo y calentito en el cual poder meterte, y lo hizo a tamaño pequeño a modo de agasajamiento del corazón colgado, que está desnudo y frío. El resultado consistiría en que personas fueran invitadas a meter la mano dentro sin saber que lo que se podía encontrar era dicho órgano.

Toda la sala estaba llena de bocetos de la creación de sus ideas y el proceso de cómo reflejarlas. Nos afirmaba tener un mundo imaginario con referencias externas y una serie de imágenes que le vienen del subconsciente, recreando así esta sensación de protección como la que se tiene al estar en la barriga de una madre.

Hasta la forma de colocar el hilo es mezcla entre enfado y armonía para la artista. Y éste protegería al corazón de los demás, lo camuflaría frente a aquellos que están en la calle, algo no muy lejano a la realidad que consigue representar en esta original obra.

A Transient Space
Bocetos de Cristina Guitian. Foto: Anabel Rodríguez Venzalá
A Transient Space
Susana Sanromán. Foto: Anabel Rodríguez Venzalá

Susana Sanromán trabajó con elementos humanos; ella es artista visual y, aunque su práctica solía ser la fotografía, ahora hace escultura. Nos contó que le interesaba mucho trabajar en esa residencia porque estaba abandonada, al igual que la fábrica de papel donde estuvo trabajamdo en Italia.

A la escultora le interesó la casa porque aunque no tuviese presencia humana, el mobiliario te hacía sentir como si estuvieses estancado en el tiempo, y eso es lo que le gusta a ella para poder crear una nueva narrativa de un espacio real -en este caso, la cocina/baño-.

Su obra aún estaba sin terminar cuando la conocimos, pero ya tenía bastante forma: dos esculturas de personas; una estaría sentada y la otra saliendo de la ducha a través del cristal, ya que los fantasmas pueden pasar lo físico. Cubriendo dichas figuras ceniza de periódico cuidadosamente quemada que hacen referencia a cómo las noticias parecen ser el presente pero pueden convertirse en historia en esa misma tarde. Y, por otra parte, a modo de reflexión de que, al final, todo muere y se convierte en cenizas. Ella misma se planteaba moverse de sala en sala momificada para representarlo, ¡y no sería la primera vez que lo hace! En algunos proyectos ya había cubierto a personas con vendas, o incluso con basura para materializar como la sociedad se puede convertir en ella.

Lo importante de sus trabajos es tener presente la huella de lo humano en el ambiente que nos rodea, y cómo el ego de las civilizaciones, la arrogancia de pensar que podemos controlar la naturaleza, acaba colapsándose tarde o temprano. Pese al minucioso trabajo que conlleva el resultado, Susana nos aseguraba que, aunque fuese un poco masoca involucrándose en creaciones que llevan tanto tiempo, su ilusión por trabajar con gente nueva, en un espacio diferente, la oportunidad de hacer algo nuevo y, sobre todo, las ganas por recrear la memoria del espacio y hacer lo que de verdad le gusta, merecía la pena.

A Transient Space
Henry, una escultura de Susana Sanromán. Foto: Anabel Rodríguez Venzalá

Y con un clima tan peculiar acogió a varios artistas que, durante una semana, han trabajado allí en la obra que dicho panorama le inspire. Cada uno con una creación única y sumamente personal que se pudo ver en Caledonian road número 26 el pasado fin de semana.

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