La ciudad que te hizo soñar

Llegué cargada de ilusión a la ciudad a la que tanto habías deseado. Ganas, muchas ganas. Tuve primeras sensaciones de incertidumbre y miedo a lo desconocido pero que se juntaron con tantas otras y tan positivas que sentí que podía con todo.

Al principio estaba un poco perdida, de noche, lloviendo y cargada de maletas. Todo lleno de luces y sintiéndome tan pequeñita en un lugar gigantesco. Suerte que siempre hay alguien que está dispuesto a ayudarte, lo primero que hay que hacer es perder la vergüenza si se tiene porque soltarte te abrirá mil puertas y te hará conocer a gente increíble que te acompañará. Y así fue como conseguí llegar a la que iba a ser mi casa en mi nueva etapa, aunque al principio fue difícil hacerme a la idea de que un sitio tan impersonal pueda llegar a convertirse en tu hogar; pero sí, lo hace cuando te tomas tu tiempo y te rodeas de la gente adecuada. Lo segundo es esencial…

Las relaciones cuando estás solo y lejos se vuelven tan intensas que los días parecen meses. Siempre se conoce gente, no hay que tener miedo. Acabé sabiendo quiénes son aquellos que iban a ir de mi mano en este recorrido de tu vida. Cuando de verdad te sientes a gusto en cualquier sitio es cuando cuentas con el apoyo el cariño de aquellas que se vuelven cercanas en tan poco tiempo. Fue una sensación sorprendente cuando descubrí que no estaba perdida, que podía contar con una nueva familia; que estar en una ciudad maravillosa ayuda, pero que descubrir cada rincón con ellos es lo que la hace especial. Y es que empecé de cero, y eso es algo que hay que exprimir al máximo.

Las primeras semanas me colmaron de inquietudes, no paraba de conocer lugares increíbles, cada rincón me sorprendía y no echaba de menos nada ni a nadie –aunque hay días en los que la nostalgia aparece, sobre todo cuando el sol no alumbra en un día entero- Es algo más parecido a un viaje en el que coges un mapa y unas zapatillas de deporte y te lanzas a la calle en busca de visitar todo lo que habías planeado. Y de repente estaba en el Big Ben, en el London Eye, en el Museo Británico o en la Torre de Londres, sintiéndome como un turista pegada a mi mochila  pensando si en algún momento podía de verdad llegar a sentirme parte de este lugar.

Algo importante es no agobiarse por la falta de tiempo… ahora tenemos todo el del mundo aunque aquí pasa volando. Esta ciudad puede aportarte tanto que al principio pensé que no estaba aprovechándolo como debería. Al aterrizar son miles las obligaciones pero, poco a poco, dejaron paso a todo lo que había planeado en mis sueños que se cumplen con creces.

Lo importante es disfrutar y no obligarse a hacer nada. Hay museos, eventos, parques, fiestas, cines, monumentos, plazas… pero si el cuerpo te pide pasar una tarde con varios cafés y un paquete de tabaco sin hacer nada, adelante. Adelante con hacer lo que quieras cuando quieras, adelante con conocer, experimentar, visitar, andar sin destino. Es el momento que tanto habías esperado, es tu momento y solo tú puedes hacerlo único.

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